El Centramiento
Duración sugerida: entre 15 y 30 minutos
Tono de voz: pausado, claro, amable.
Indicaciones para quien guía: dejar breves silencios entre frases. No correr. Dar tiempo a que se sientan las indicaciones.
Inicio (relajación y disposición)
Vamos a comenzar.
Adoptad una postura cómoda, con la espalda recta pero sin tensión.
Cerrad los ojos.
Haced ahora cuatro o cinco respiraciones profundas y lentas...
Al exhalar, sentid cómo todo el cuerpo se suelta, se relaja...
Se aflojan los hombros, el abdomen, la cara...
El cuerpo queda en una total comodidad...
Dejad ahora que la respiración fluya libremente.
Sentid el gusto de respirar... sin esfuerzo.
Seguid el movimiento natural de la respiración...
Observad cómo sube y baja el vientre... o el pecho...
1. Conexión con la fuerza vital (zona abdominal)
Pasad ahora la atención al impulso que mueve la respiración.
Hay una fuerza natural que hace que el vientre o el pecho suban y bajen...
Sentid esa fuerza...
Esa fuerza viene desde atrás...
Es la fuerza de la vida que respira en vosotros.
Es como una ola de un océano de vida...
La respiración es una ola...
Y esa fuerza, ese fondo desde donde surge, es el mar entero...
Sentid cómo esa energía os recorre desde dentro...
2. Conexión con el amor (zona del pecho)
Llevad ahora la atención al pecho...
Imaginad que estáis delante de una persona a quien queréis mucho...
Expresadle vuestro afecto, vuestro amor...
Sentid esa alegría, ese cariño que brota... Podéis también dirigir ese amor hacia Dios, si lo sentís así...
Ese amor que sentís viene de un fondo...
Detrás de ese sentir hay como un sol luminoso, profundo...
El amor que sentís son rayos de ese sol... Ahora dejad las imágenes... las personas... las ideas...
Situaros en ese sol...
Ese sol es amor... es felicidad... No hay nada que hacer... sólo sentirlo...
Saborearlo...
Ese sol está siempre presente...
Eso que sentís... lo sois.
3. Conexión con la luz de la mente (zona de la cabeza)
Pasamos ahora a la zona de la cabeza...
Imaginad una luz azul, intensa, eléctrica...
Esa luz es inteligencia pura, claridad, comprensión...
Desde esa luz todo se comprende con facilidad...
Todo se ilumina...
4. Integración: conciencia de ser
Ahora permaneced en silencio...
Sin pensar en nada...
Sintiéndoos simplemente presentes...
Desde la cabeza al corazón... hasta el abdomen...
Muy presentes en una simple conciencia de ser...
Conciencia de ser... aquí y ahora... Que surge de un silencio inmenso que lo rodea todo...
5. Cierre: acción desde el centro
Lentamente, id recuperando la conciencia exterior...
Respirad con un poco más de ritmo...
Moved suavemente los brazos, las manos...
Pero sobre todo, mantened la conciencia interior despierta.
Y al hablar, al moveros, al mirar... que sea eso que sois lo que se exprese.
Hablad desde ahí...
Moved desde ahí...
Sonreíd desde ese fondo...
Quedaos todo lo que podáis funcionando desde este centro.
La práctica del Centramiento es una de las herramientas más directas y transformadoras propuestas por Antonio Blay. No se trata de una técnica mental, ni de un ejercicio de relajación sin más, sino de un recorrido interior guiado por la atención, que nos conduce a una vivencia real de lo que somos en profundidad.
A través de un sencillo proceso de enfoque progresivo —desde la respiración, pasando por el corazón y hasta la mente— el Centramiento nos permite conectar con tres aspectos esenciales de nuestra identidad:
la fuerza de la vida,
el amor como presencia activa,
y la inteligencia como claridad lúcida.
En su forma más pura, esta práctica no busca cambiar nada, sino reconocer lo que ya está presente: una plenitud silenciosa, un fondo que es vida, amor y comprensión en su estado natural. Desde ahí, nuestras acciones, palabras y pensamientos pueden surgir con autenticidad, sin la interferencia de la estructura superficial del ego.
Este texto que sigue es una guía viva, directa, nacida de la experiencia. No requiere fe ni creencias, sólo disposición y sinceridad. Al practicarla, no se trata de “hacer bien” algo, sino de permitirnos ser desde lo más real. El Centramiento es, en definitiva, un modo de habitar el presente desde el centro, desde el ser.
Guía para la práctica del Centramiento
OBJETIVO: Conectarse con el núcleo profundo del ser, accediendo a la vitalidad, el amor y la claridad interior que constituyen nuestra verdadera identidad.
1. Fase inicial: relajación y respiración consciente
Respiración profunda: Realizar de 4 a 5 respiraciones profundas, lentas, con los ojos cerrados.
Soltar el cuerpo: Al exhalar, sentir cómo el cuerpo se afloja y queda en total comodidad.
Respiración libre: Dejar que la respiración fluya espontáneamente, disfrutando del placer natural de respirar.
2. Fase vital: conexión con la fuerza de la vida
Atención a la fuerza que respira: Observar la energía que impulsa el movimiento respiratorio.
Percibir su origen: Sentir cómo esa fuerza viene desde atrás, como desde un campo profundo.
Visualización oceánica: Imaginar la respiración como una ola del océano de la vida.
3. Fase afectiva: apertura al amor y al fondo del ser
Evocación del amor: Imaginar que se expresa cariño hacia una persona querida, o hacia Dios.
Sentir el amor: Vivir la emoción del amor, la alegría del afecto sincero.
Ir al origen: Percibir ese amor como rayos que provienen de un sol interior, luminoso, profundo.
Situarse en el sol: Abandonar toda imagen o idea, y mantenerse en ese sol que es amor, que ya es.
4. Fase mental: contacto con la luz de la inteligencia
Visualización de la mente: Imaginar una luz azul intensa, eléctrica, ubicada en la cabeza.
Percibir su cualidad: Esta luz es claridad pura, fuente de comprensión, conocimiento y sabiduría.
5. Fase integradora: conciencia unificada y silencio
Estar presente: Permanecer unos momentos en total silencio, atentos a la conciencia de ser.
Unidad del ser: Sentir esa conciencia desde la cabeza hasta los pies, en un estado de presencia plena.
Silencio envolvente: Reconocer que esta conciencia surge de un silencio inmenso que lo envuelve todo.
6. Cierre: llevar el ser a la acción
Volver al exterior: Respirar con más ritmo, mover con suavidad el cuerpo.
Mantener la conciencia: Aunque se regrese al exterior, permanecer abiertos interiormente a lo sentido.
Actuar desde el centro: Hablar, moverse, reír desde ese fondo real, no desde la estructura habitual.
NOTAS FINALES
Esta práctica no es una técnica para “sentirse mejor”, sino un camino para reconocer lo que ya somos.
Puede durar entre 10 y 30 minutos, según el ritmo y profundidad de quien la realiza.
Se puede hacer guiada (ideal para grupos) o en silencio, una vez integrada.
