REALIDAD 3
Siguiendo el tema, porque de todos esos días nos vamos a dedicar a mirar esto que ayer expliqué, podemos ver cómo si nuestra evolución consistiera en ir creciendo, adquiriendo conciencia y dominio de una unidad pequeña a otra unidad mayor y luego a otra mayor y así progresivamente. Esto ya lo vemos en lo que es el desarrollo conocido, habitual, psicológico de todos nosotros, en el que van apareciendo horizontes cada vez más amplios y más ricos a medida que la persona pues va creciendo. Pero desde el punto de vista de la realización, el crecimiento no solamente consiste en ese horizonte mayor que se va teniendo con una mayor riqueza de experiencias y de visión, sino que es concretamente el pasar a través de una jerarquía de unidades.
Primero la persona va adquiriendo conciencia de su personalidad, de su cuerpo, de su afectividad, de su mente y gran parte de la vida consiste en un aprendizaje para poder ir manejando todo esto. Pero luego la persona ha de llegar a descubrir en un momento u otro de su evolución que eso que está viviendo como su unidad realmente sólo es parte de otra nueva unidad que es el mismo. Esa nueva unidad es lo que yo os he explicado varias veces con el nombre de lo que constituye nuestro universo individual.
Toda nuestra vida es nuestra conciencia desde el punto de vista subjetivo y esta conciencia es una constante actualización de un potencial interior. Entonces esto quiere decir que todo aquello de lo que yo soy o he sido o puedo llegar a ser consciente es una actualización de esa identidad básica que yo soy, que es ese potencial que luego se va manifestando en mi campo de conciencia. Ese campo de conciencia, por un lado, está mi personalidad, está mi cuerpo, están mis ideas, mis hábitos, mi conducta, mis recuerdos, está todo lo que yo vivo en primera persona, pero también en ese mismo campo de conciencia está lo que yo vivo como lo otro.
Mi imagen del mundo, mi conocimiento de las personas, mi valoración de las personas, todo lo que yo siento en relación con personas, seres circunstantes... Todo esto es un aspecto de mi propia conciencia y aunque este aspecto de mi propia conciencia se corresponde con una realidad más allá de mi propia conciencia, yo solamente vivo ese mundo según está registrado en mi propia conciencia. Además esta conciencia tiene otro vector superior que es donde yo voy registrando todo lo que, a mi entender, está por encima de mí y por encima del mundo.
Y ahí es donde nosotros vamos registrando todo lo que son aspectos de una belleza ideal, de una bondad, de una felicidad, de un poder, de un ser, de una eternidad... En fin, todo lo que llamamos valores trascendentes. También todo esto es parte integrante de nuestro universo individual, de nuestra conciencia.
Estos son los tres grandes vectores de nuestra conciencia. Lo que yo vivo en primera persona y yo, lo que vivo como perteneciendo, siendo lo otro, el mundo, la existencia, y luego lo que son estos valores o realidades superiores, lo trascendente, lo espiritual, lo divino, etcétera. Durante la primera etapa de evolución, que puede durar muchos siglos, el hombre va tomando conciencia de su propia personalidad como su única unidad.
El hombre vive su personalidad, su cuerpo, su mente, su afectividad, que está constantemente enfrentado y en relación con el mundo y con unas realidades superiores. O sea, que él se vive como una unidad enteramente distinta del mundo, del resto del mundo y de lo superior. Pero llega un momento que va descubriendo, o ha de llegar a descubrir, que de algún modo eso que él conoce del mundo es el mismo.
No que el mundo en sí sea el mismo, sino que su conocimiento, su conciencia de el mundo es su conciencia, es una parte de sí mismo. Y que lo que la persona intuye, conoce o formula respecto a lo superior es otra parte de esa conciencia total de sí mismo. No que lo que la persona conoce sea la realidad superior, sino que lo que él conoce de la realidad superior es un aspecto de sí mismo.
Dijémonos porque esto, que ya lo he explicado en los cursos, no quiere decir que yo no me relacione con los demás. Simplemente quiere decir que yo solamente me relaciono con los demás a través de mi noción, de mi imagen, de la conciencia en mí de los demás. Y que yo me relaciono con lo trascendente sólo a través de mi conciencia de lo trascendente.
Por eso os decía yo que no hay auténtica comunicación superior y no hay esta presencia, esa realidad superior actual en mi conciencia. Bien, entonces todo lo que yo conozco, valoro, en todos los aspectos, en todas las áreas de la existencia, visibles o invisibles, presentes, pasadas o futuras, son aspectos de mi propia conciencia total. Y todos esos aspectos, todos esos contenidos de mi conciencia total, son expresión de lo que esta misma conciencia es en su centro, en lo que yo soy en mi identidad central, en mi ser, en mi autenticidad.
La persona ha de ir aprendiendo a reconocerse a sí misma en esa unidad total. En lugar de vivirse sólo como una parte, a la que pone su nombre personal, ha de llegar a reconocerse en los demás. Los demás son otro modo de vivirse a sí mismo, es otro aspecto de sí mismo, es un modo de vivirse a sí mismo en tanto que otro.
Y mi relación con Dios es otro modo de vivirme a mí mismo en tanto que lo superior. Pero esto se suele hacer sin reconocerse y por lo tanto sin asumir esa identidad total que somos. La evolución en este aspecto consiste en que yo vaya tomando conciencia, que vaya reconociéndome en todas esas áreas de conciencia.
Esto presenta, como ya se puede ver, un horizonte fabuloso, porque yo he de darme cuenta que todo lo que conozco, todo lo que siento, todo lo que existe para mí, es mi propia existencia, que a la vez es reflejo de la existencia en sí. Que todo cuanto conozco, que todo cuanto deseo, que todo cuanto percibo, que todo cuanto hay por ahí, desde mi noción de firmamento del universo hasta las cualidades más íntimas de alguna persona a quien yo conozco y admiro, todo son aspectos de mi propia realidad total. Yo he de hacer un cambio, he de trasladar mi centro de identidad, de mi exclusiva personalidad, al centro de todo ese campo de conciencia.
Esto se parece mucho a que yo descubra que en esa escala concreta, en esa etapa particular de mi evolución, yo soy como un Dios. Y soy como un Dios en el sentido de que, en primer lugar, yo mantengo mi identidad aparte de todo el campo de conciencia. Segundo, soy Dios en el sentido de que ese campo de conciencia y todas las cosas que existen en ese campo de conciencia, todas las formas y contenidos, salen de mi propia naturaleza, de mi propia creación.
Tercero, que yo puedo mantener una dirección activa respecto a todo lo que es esta expresión de mi propio potencial en mi universo. Pero yo no soy Dios en el sentido de que, en primer lugar, yo me encuentro con que toda esa actualización de conciencia ya tiene lugar dentro de una realidad manifestada que ya existe, que ya me pre-existe. En segundo lugar, que yo sí realmente tengo un dominio sobre todo lo que es mi respuesta, pero en cambio no tengo dominio sobre lo que son los estímulos que yo estoy recibiendo.
O sea que hay un background, hay una base que está más allá de mi propia creación y luego hay una naturaleza de estímulos, de circunstancias particulares que también van más allá de mi naturaleza de creación. Y es, por un lado, que yo llegue a descubrir esa naturaleza, diríamos, de Dios en pequeño y, por otro lado, que yo aprenda a vivir conectado con esa otra parte en que yo no soy Dios. Gracias a eso se produce una articulación mía con la existencia en sí.
Lo que yo digo de ser Dios dentro de nuestro universo es una noción más rica de lo que parece porque yo no puedo pasar a una unidad superior hasta que yo no haya asumido la unidad actual. Si yo realmente soy Dios, en ese sentido que he explicado, de mi universo, yo no podré pasar a una mayor expansión de conciencia, a un mayor crecimiento que cuando yo haya asumido realmente esa función. Yo soy Dios en mi universo, pero yo me vivo como esclavo, como sirviente, como un producto dentro de este mismo universo.
De hecho, el universo que yo estoy creando, luego yo me vivo como víctima de él. Y eso es el contrasentido. Yo he de descubrir que ser Dios, esta palabra suene muy presuntuosa, que ser Dios es una realidad.
Yo soy un Dios imperfecto, incompleto. Soy un Dios en proceso de crecimiento. Desde el punto de vista de mi universo, yo soy Dios.
Desde el punto de vista de la totalidad de la existencia, soy una fédula viviente del Dios absoluto. Yo he de poder vivir estos dos aspectos, en función clara asumida de Dios en relación con mi universo y en una actitud de receptividad, de armonía total respecto a la unidad que me trasciende. Y sólo manteniendo estos dos, este equilibrio en esas dos direcciones, yo entonces estoy en el lugar y en la actitud justas.
En los aspectos prácticos del trabajo, esto tiene unas consecuencias inmediatas. Y es, ¿en qué medida yo me vivo como centro de mi universo? ¿En qué medida yo asumo esa capacidad que estoy ejecutando, sin darme cuenta quizá, de estar creando mis propias respuestas?
Mis propias respuestas hechas de mi propia naturaleza. ¿En qué medida esta creación se produce? ¿A expensas mías o en qué medida yo la estoy creando?
Asumir, descubrir, realizar esa función central quiere decir que yo me he instado en mi naturaleza central de ser en ese fondo, en este centro, en esa identidad básica que soy, y desde ahí yo creo mis respuestas. Estoy creando constantemente mis respuestas desde mi centro. Y por lo tanto, mis respuestas serán siempre inevitablemente hechas de lo que es mi propia identidad, de inteligencia, de felicidad, de energía, autocontrolada, autodirigida.
Cuando yo no estoy creando mis respuestas, yo estoy renunciando a mi función central en mi pequeño universo. Y entonces yo me convierto en un juguete, en un producto, en un efecto. Fallo en lo que es mi verdadera función.
Y entonces yo vivo víctima de esas cosas que se van produciendo en mí a pesar mío. Es el aspecto mecánico el que está produciendo respuestas en mí que luego yo me encuentro aprisionado dentro de la red tejida por esas respuestas. Por lo tanto, el problema es, ¿yo me descubro como centro de mis propias respuestas, como centro de mi conciencia?
¿Yo aprendo realmente a crear mi respuesta en cada momento? No a que se produzca mecánicamente, ciegamente. A estar yo plenamente consciente en mi centro y desde mi centro amar, comprender, querer, actuar.
Esto es una fase concreta de trabajo. Para esto es evidente que lo que hace falta es que yo descubra ese centro, me instale y me asuma yo mismo totalmente como centro. Es otro enfoque de lo mismo que hemos estado hablando ayer.
Pero a ver ahora, Juanjo, no sé si esto queda bien comprendido, plantear preguntas, por favor. ¿Mi creaciones me producen, me condicionan, en la medida en que yo me confundo con mis creaciones? En la medida que yo creo sin salirme del centro, la creación es libre.
Si a toda creación produce un encadenamiento de efectos inevitables. Pero este encadenamiento de efectos me encadena a mí sólo si yo estoy encadenado a ellos. Por lo tanto, en la medida que yo puedo actuar desde el centro y como centro, entonces yo puedo hacer lo que sea sin quedar atado, sin quedar condicionado.
Es la acción liberada. Es la acción que se hace sin actuar. Es el wu bei en la visión china, la acción en la no acción, o es la acción liberada, sin karma, dentro de la concepción oriental, o es actuar en la pura voluntad de Dios, en una terminología cristiana.
La acción libre no se hace por una razón. No se hace para que no meate. La acción libre es inherente a su propia naturaleza.
Es libre porque surge de un centro que no depende de nada. Cuando se hace una cosa con una finalidad, uno queda condicionado a esta finalidad, aunque esta finalidad sea para liberarse. ¿Entiendes?
O sea, no, la acción libre no puede tener un motivo más allá de la misma acción. El motivo de la acción es inmanente en la misma acción. Cuando el motivo está más allá, en espacio o tiempo, de la acción, entonces se está superitado a ese término en espacio o tiempos.
Por eso la realidad, como decía ayer, aunque choque mucho a algunos, no tiene finalidad. La realidad es presente, no es una realidad para algo. Esto es una visión de relación relativa de nuestra mente concreta, que siempre está viendo las cosas unas en función de otras.
Pero en lo que es la realidad base, nuestra, y de la existencia, tomada en su totalidad, simplemente es. Y por eso el mismo deseo de realización es un obstáculo para la realización, porque en ese estado uno es incapaz de tomar conciencia, de centrarse y de expresar el propio centro. Uno siempre está relacionado con algo, con un objetivo, con una idea.
Hay una tensión y esto impide una toma de conciencia en el profundo presente. ¿Unas preguntas? De momento se vive como es individual, porque es distinta en uno y en otro.
Después ya veremos que esta conciencia distinta son varios pocos de otra conciencia que es una más allá. Claro, claro, es no sólo casi, sino totalmente imposible, tal como solemos vivir. ¿Qué es la realidad?
¿Cuál es la realidad? ¿Cuál es la realidad? Y solemos vivir pendientes de nuestra mente personal concreta, y así es imposible no tener objetivos.
Por tanto esto no nos ha de preocupar. Pero esto que es imposible desde ese nivel, resulta factible e inevitable cuando uno aprende a descubrirse como centro y a vivir expresándose como centro. Y eso lo verás si tú consigues, aunque sea aquí, en los momentos del centramiento, un mayor grado de centramiento, verás como automáticamente todo lo que son deseos y temores, apetencias, flispaciones, desaparece.
Cuanto mayor es tu conciencia de plenitud en presente, más se diluyen todo lo que es deseo, todo lo que es objetivo, todo lo que es finalidad. Porque todo ese deseo y toda esa finalidad es exactamente lo que nos falta para vivir la totalidad del presente. Cuanto más superficialmente vivo el presente, más lo que me falta de totalidad se traduce en creaciones de deseos en el tiempo, de cosas, etc.
Y por eso es natural. Sólo a través de este trabajo, de esa toma de conciencia experimental de uno mismo como centro, se produce una auténtica transformación de raíz que se puede llamar una auténtica mutación. Porque fijaos que no consiste en un crecimiento, en un desarrollo de algo, sino que es un cambio total, es un salto de órdenes de cosas, de valores, de modo de funcionar.
Es un salto. En ese sentido no es un desarrollo. El desarrollo es el otro modo.
El modo a partir de nuestra mente, ir cambiando nuestros condicionamientos, ir desarrollando nuestras capacidades positivas, etc. Esto es un método progresivo, un método de desarrollo. Lo que estoy diciendo yo es una mutación en el sentido de que, de repente, dejo de funcionar desde un centro que me motivaba a una serie de acciones, de visiones, de valores, y me descubro en otro centro donde cambia radicalmente todo orden de valores y todo orden de realidad.
Esto no es el asumir ese centro, sino esto es estar abierto a algo más profundo. Y es correcto. Si uno se abre en algo más profundo y superior, entonces sale algo que es más genuino.
Y el resultado de esto es una acción que es limpia, diríamos, que no deja residuo, que no hay resonancias del egoísmo en todas sus facetas. Es algo tan natural como el hecho de que te viene algo y pones la mano para pararlo. Sí, este trabajo de asumir, de asumirse como centro, como todo lo que sea crecimiento real, podríamos decir, tiene sus etapas, etapas que solamente existen en nuestra mente, porque en sí no hay ninguna etapa.
Estas etapas son, primero, que yo he de ver algo que está más allá de lo que yo creo ser yo mismo. Por ejemplo, en este caso, el ver que en la medida en que yo vivo despierto pero abierto a algo, arriba y adentro, viene una capacidad de actuar, de sentir, de ver. Entonces, ver eso que está viniendo, o ver, si yo ya tengo un mundo de aspiraciones o de deseos, ver eso que deseo.
Este verlo es fundamental, es la primera etapa y es fundamentado. Ver, ver. O sea, que mi mente personal tome clara conciencia de eso.
Segundo, sentir, que no me limite a una visión puramente de la mente, sino que haya una apertura, una participación del aspecto sensible mío. Primero, que yo vea. Segundo, que sienta.
¿Sienta qué? Eso que es mayor que yo, eso que deseo, a lo que aspiro, o eso que que intuyo que está de algún modo presente más allá de mi noción actual de mí. Ver, sentir.
Tercero, mirar ese sentir para que se vaya unificando la parte mía de la mente consciente y la parte mía del aspecto afectivo en relación con esta zona no integrada. Cuando esto yo lo he hecho durante un tiempo, yo lo voy reconociendo como mío, como una zona mía, fuera de mi frontera, pero mía, de mi frontera usual, pero mía. Entonces, de este ver, sentir, surge el querer.
De este ver, sentir, de hecho, surge el reconocerse. Y entonces el querer vivir eso, querer ser eso. Y luego viene el asumir concretamente eso que soy.
Y una vez yo lo asumo, entonces expresarme yo en tanto que eso. Estas son las etapas. Ver, sentir, unir las dos cosas, reconocerme, querer, asumir, expresarme yo en tanto que la cosa asumida.
Esto puede representar tiempo desde nuestra perspectiva personal. Yo no puedo asumir lo que yo no veo y no siento con mucha claridad. Y por eso durante un tiempo el trabajo consiste en ir viendo, en ir sintiendo más y más.
No en razonar mucho o en crear teorías en absoluto. Es un estado de contemplación. Contemplación inteligente y afectiva, en que yo veo y siento aquello.
Estoy en un estado de contemplación. En esa contemplación, esa zona nueva y mi conciencia actual que contempla se van fusionando, se van integrando. Pero no pasará a ser mío hasta que yo no asuma el reconocimiento.
Lo de asumir, ¿lo entendéis bien lo que quiere decir? O hay alguien que no entienda? Bien, asumir es lo que ya hacemos en la vida diaria.
Por ejemplo, cuando éramos chicos y luego hemos ido creciendo, durante un tiempo hemos estado todavía actuando a ratos como chicos y a ratos como personas más mayores. Y llega un momento en que nos damos clara cuenta de que somos ya mayores. Entonces, el momento en que nos damos clara cuenta, entonces decidimos, asumimos el ser mayores.
Y a partir de entonces actuaremos de esa manera, con esa mentalidad, con esa disposición y no con otra. En un ejemplo distinto, podemos ver a la persona que está en un trabajo y de repente, por una razón u otra, le nombran jefe supremo de aquel trabajo. Tiene el nombramiento, tiene todo, tiene su despacho, tiene todo.
O sea, mentalmente, él sabe y acepta pues que ahora le han nombrado jefe y que él es el jefe. Pero él todavía no ha asumido su cargo, porque él se sentirá como extraño en su puesto. Hasta que llegará un momento en que él, todo él aceptará el ser jefe.
Sólo en ese momento él asume el ser jefe y entonces él actuará él en tanto que jefe. ¿Sí entendéis los que…? Pues algo parecido ocurre con esos niveles nuevos de conciencia.
Estamos acostumbrados a vivirnos con nuestra imagen, esquemas y sensaciones habituales. Y si trabajamos, pues descubrimos que resulta que somos mucho más. Somos mucho más, pero seguimos viviendo como si fuéramos, como siempre.
Yo solamente puedo llegar a asumir todo eso que soy cuando lo miro, lo siento, lo comprendo, me reconozco en ello, quiero y asumo. Cuanto más conscientemente hagamos esto, más deprisa se puede hacer. No hay que forzar.
No es un problema de tensión, es simplemente un proceso de asimilación interior. Claro que puede, por eso es necesario el sentir. Por eso, esto es la primera etapa, el contexto.
Mirar, ver. Si sientes, no se puede quedar en un contexto. Y cuando tú vas mirando y sintiendo, o mirando el sentir de aquello, aquello va adquiriendo una mayor presencia, una mayor intensidad y realidad en ti.
Hasta que llega el momento en que tú puedes asumir aquello. O sea que esto no es ninguna manipulación mental, no es un porcejeo que yo hago para convencerme de algo en absoluto. Es un proceso natural, pero que se acelera a medida que yo estoy más y más presente a ello.
Todo lo que os estoy explicando, de hecho, es de momento el que veáis. Si vosotros poréis de vuestra parte interior una apertura, una presencia vuestra, además de ver, sentiréis. Se trata entonces de lo que vosotros hagáis con este ver, sentir.
Os lo lleváis a casa, seguís viendo y sintiendo, entonces llegará el momento que esto lo reconoceréis como propio. Entonces vendrá la decisión y el asumido. Para esto el trabajo de centramiento, de esa manera que empezamos a hacerlo ayer, ya veis que es un factor fundamental.
Entonces mi vida ha de ser que yo me viva como centro, que yo me viva como creador en lo que depende de mí, de mi propio universo. Y siempre dependen de mí mis respuestas. No dependen de mí los estímulos, porque las circunstancias, las personas escapan.
Por eso soy solo un dios aprendiz. Soy un dios en una escala, en un grado de una escala. Pero en ese grado lo he de ser.
En la medida que lo soy lo he de ser, porque si no, estaré viviendo yo mismo supeditado a mis propias creaciones. Y eso es un contrasentido. Hasta que yo no aprenda a manejar creativamente mis poderes, mis capacidades, mis cualidades, yo no puedo ascender de rango.
Yo no puedo promocionar, no puedo ir más allá en mi evolución. Entonces yo, por un lado, he de asumir totalmente todo lo que soy, y por lo tanto mi capacidad de creación constante de mis respuestas. Y al mismo tiempo he de aprender a permanecer abierto a lo que está más allá de ese universo.
Abierto al exterior, a los estímulos nuevos que puedan venir, pero sobre todo abierto también a la dimensión desconocida, más allá de mi límite actual. Abierto al infinito, al dios de mi dios. Abierto a lo superior, pero a la vez firme.
Y esto, veis, parece muy difícil. Que yo, por un lado, esté manteniendo mi actitud de ser dueño, rey, centro, creador, y que a la vez esté totalmente supeditado, abierto, receptivo, dependiente de algo más. O estamos de una manera, o estamos de la otra.
Y esta es nuestra actitud habitual. O yo me considero dueño, y cuando me enfado esto lo ejercito a maravilla, o cuando estoy muy optimista, o yo me siento débil, frustrado, fracasado, y entonces todo yo pues soy una criatura que llora buscando ayuda por todas partes. Tenemos una actitud o la otra.
Se trata de poder vivir simultáneamente esas dos actitudes. Ser yo totalmente jefe, centro, dios de lo mío, y a la vez ser totalmente criatura, totalmente adierto y dependiente de lo superior. Por un lado, asumir todo lo que es mi creacia, mis facultades, el ejercicio de mis facultades.
Por otro lado, dejar que yo sea asumido por algo mucho más grande que yo mismo. Pensad que sólo estas dos posturas juntas hacen la actitud correcta. Si no, pasamos de un extremo al otro.
O yo me convierto en un ser supeditado a mis propias creaciones, o yo me otorgo unas atribuciones que son de un absolutismo infantil que da risa. El peligro de la soberbia o el peligro de la humillación. Pero lo que me permite ver que la actitud es correcta es que yo pueda vivir simultáneamente estas dos actitudes.
Que por un lado, yo mantenga mi función central de asumir todo lo mío, de ser dueño, de crear mis actitudes en todo momento, y al mismo tiempo estar totalmente abierto y receptivo a algo más allá de mí. Hay un solo punto donde esto puede hacerse. Y las dos actitudes entonces son una sola.
Y por eso es la presencia de las dos que hacen la actitud correcta. Sólo desde el centro yo puedo hacer estas dos funciones. Ser totalmente afirmativo en un sentido y ser totalmente receptivo en otro, a la vez.
No cambiando de una a la otra. Mi mente no puede hacer eso. Mi mente o afirma o está pasiva.
Pero hay un punto desde el cual yo soy yo y todo yo dispongo de lo mío y a la vez todo yo soy recepción. Es mi conciencia central de ser. O sea que combinando, tratando de ver una y la otra y procurar vivirlos juntas, es otro modo de conseguir una conciencia de centro.
Ver quiere decir ver lo que deseas. Ver lo que te gustaría llegar a ser. Ver todo lo que tú consideras realidad pero que tú no la vives como tuya.
Fíjate que he empezado explicando que nuestra conciencia tiene tres grandes vectores. El vector que llamamos yo y lo mío. El vector de lo otro.
Y el vector de lo superior. Todos esos vectores son parte integrante de nuestra conciencia total. Seguramente en el vector que yo llamo yo, hay cosas que yo deseo.
Deseo ser más de una manera, sentirme más de otra, etc. En el sector que yo llamo mundo, seguro que está lleno de cosas que yo admiro y deseo alrededor de las cuales giro. Y no hablemos del sector superior, donde por definición todo es aspirable.
Entonces todo eso lo estoy viviendo yo solo como si fuera algo totalmente extraño a mí. Como si no me perteneciera y realmente me pertenece. Porque si no resulta que yo quedo superitado a algo que es mío, lo cual es muy triste.
Además de ser contradictorio. Entonces si tú entiendes que toda cualidad que ves es tuya. Que todo lo que deseas, de hecho, es tuyo.
Ver, mirar, quiere decir mirar eso que deseas. Eso a lo que aspiras, sea lo que sea. Sí, pero mira, cuando tú por ejemplo tienes la demanda de sentirte muy segura y muy libre, la noción, la impresión que tú tienes de seguridad y libertad no es una idea.
Es un sentimiento, es un estado. Lo que pasa es que tú lo miras con la mente y lo formulas con la mente. La mente es una herramienta que no solamente fabrica ideas, sino que es lo que permite enfocar la atención y tomar conciencia de algo.
Y por eso utilizamos el mirar. No como medio de pensamiento, sino como medio de contacto o toma de conciencia. Entonces cuando tú miras lo que deseas, no solamente miras en un sentido intelectual, sino que estás aprendiendo a sentir.
Entonces estás conectando un foco de tu mente consciente con un área que no son ideas, que son sentir, que son unas energías que hay allí. Si tú te limitaras solamente a la parte literaria de lo que estoy explicando, entonces sí que serían ideas. Pero si tú diriges tu atención a lo que sientes o a lo que presientes, entonces ahí no son ideas.
Esta mirada en relación con algo que sientes es una toma de conciencia de unas cosas que están ahí, más allá de toda idea. Cuando tú te das cuenta que tienes hambre, lo que haces es que tu mente se conecta con los mensajes que vienen de tu aparato digestivo. Y luego dices, tengo hambre, pero realmente la noción o la conciencia inmediata que has tenido de hambre no es una idea.
La idea es luego una formulación que haces. Pero hasta que no te viene aquí, a la frente, no eres consciente mentalmente de que tienes hambre. Y no puedes, por lo tanto, mentalmente decidir ir a comer.
Entonces hay que distinguir muy bien lo que son ideas, que son ideas que se van relacionando entre sí, que forman todo un tinglado teórico, y lo que es la mente como instrumento de conciencia, de contacto, como medio de unión y como medio incluso de exploración de áreas nuevas. O sea, una cosa es la atención, que es este mirar, este conectar, y otra cosa es la ideación, la formulación de ideas. Tiene efecto, si uno se limita a eso, sí, hambre.
Y por eso hablo de una contemplación. Contemplar es mirar y disfrutar de aquello que se contempla. No es razonar sobre, aunque se podría razonar, y el razonar puede ser incluso a veces una ayuda en algún momento para entender mejor.
Pero la esencia de la contemplación es que lo que hago cuando contemplo un cuadro o un paisaje me quedo mirando abierto en mi mente y mi sensibilidad al estímulo del cuadro. ¿Creamos nuevas metas? A veces.
A veces no, depende de cómo razonemos. A veces el razonar consiste en reajustar la nueva información con la antigua. Es posible, pero no importa, porque todo lo que puedas ver con la imaginación sigue siendo tan tuyo como lo que puedas ver.
La imaginación funciona de dos maneras. O de una manera pasiva o de una manera activa. De una manera pasiva está expresando todo lo que son, generalmente, tus deseos y tus temores.
Es un lenguaje plástico del inconsciente. Y luego la manera activa, que es cuando tú estás muy presente y despierto, y entonces tu intuición se expresa en forma de posibilidades a través de la imaginación. Esta segunda es la imaginación auténticamente creadora y la otra es la imaginación perturbadora.
Pero tanto en un caso como en otro la imaginación sigue teniendo unos contenidos que son reales. Son reales por la procedencia, allí donde proceden. Lo malo es que yo tome como realidad en el plano material actual lo que imagino.
Eso es el error. Pero en un nivel u otro, aquello que imagino es real o es la formulación de algo real. No, porque mira, en la práctica consiste en que tú seas tú y vivas a partir de esta confianza central que puedes conseguir a través del trabajo de centramiento.
Mantenerlo en la acción. Como se pueda. Luego se va.
No importa. Volver otra vez a centrarse y poder funcionar otro rato. Ese funcionamiento desde mi actitud más auténtica, esto es lo que me transforma.
Lo que me transforma no es lo que siento cuando estoy centrado, lo que reconozco, lo que vivo cuando estoy centrado. Esto es un despertar interior. Pero solamente me transforma activamente, solamente me realiza en el sentido completo lo que yo expreso de eso.
Porque al expresarlo estoy obligando a que entren en funcionamiento nuevos circuitos mentales, nuevos esquemas de acción. Estoy haciendo que llegue a toda mi personalidad la nueva visión, la nueva realidad. Y aquello, por lo tanto, es lo que me transforma de hecho.
Y por eso os insisto siempre. Una vez yo viva algo, que lo dé, que lo exprese, que lo viva. La vida diaria es la auténtica prueba, el auténtico test de mi grado de realización o de despertar o de verdad en que vi.
Si yo, cuando estoy en meditación, vivo maravillas y luego cuando estoy en la vida activa tengo mis miedos, tengo mis esquemas de defensa habituales tal, que estoy creando una dualidad peligrosa. Lo que yo realizo, lo realizo solo en la medida en que lo realizo en mi vida diaria. O sea, que eso no es…
es difícil, pero a la vez es fácil de hacer, quiero decir. Es difícil el conseguir mantenerlo, pero no necesita todas esas sutilezas y toda esa filigrana mental. Esto es, diríamos, el preludio.
Porque realmente el andar despierto es que tú andes sin pensar que estás andando, pero estando totalmente presente en tu realidad de andar. El pensar en ello de momento es como el plano de un edificio, que es necesario pero que no es el edificio. El edificio es cuando dejas el plano y empiezas a manejar los materiales.
Hay personas que se pasan toda la vida manejando planos y nada más. Es un gesto, sí, sí. Es un gesto interior, una actitud interior.
Es un desplazamiento de lo que ahora estamos viviendo, el desplazamiento de nuestro centro, que ahora está descentrado. Es realmente redescubrir el centro. El centro de la mente, el centro afectivo, el centro vital, el centro motor, todo.
Y por esto casi se podría conseguir lo mismo aprendiendo a hacer un gesto que tiene muy pocos centímetros de desplazamiento del centro de gravedad, del punto de apoyo desde donde estamos viviendo. Ahora estamos apoyados aquí. Y porque estamos apoyados aquí, en lugar de estar apoyados unos tres centímetros más atrás, en esa distancia se está creando una proyección constante de ideas, de objetivos, de visión aislada de las cosas y por lo tanto de miedos, de contrastes, de tensiones, de conflictos.
Si yo aprendo a situarme en mi centro, desde mi centro, veo, me vivo de un modo inmediato y soy uno con las circunstancias. No hay conflicto. Vivo la totalidad que ya existe.
O sea que realmente no hay que cambiar nada. Las cosas ya funcionan. El problema es mi visión, de la cual depende entonces mi sentir, mi actuar, mi todo.
Pero hasta que no se consigue este centramiento en mi punto de visión, no se liga a funcionar de un modo permanente bien. ¿Puedo yo conseguir un cierto grado de profundidad y de expansión afectiva? Entonces me siento muy feliz y muy bueno.
Llamo a todos, pero no tardará mucho en que la cosa desaparezca. Porque mi visión descentrada está alimentando constantemente mis esquemas de peligro, mis esquemas de miedos, de defensa, de ataque, etc. Si es lo que os decía ayer, no vivimos la verdad de las cosas ni nuestra verdad.
La estamos interpretando en función de una visión errónea. Y esa interpretación es generada. Por lo tanto, no solamente la interpreto yo, sino que ya me viene interpretada en la educación, en el ambiente, en la literatura, en toda la mentalidad social.
Entonces redescubrir la verdad situándome en mi propio centro es realmente algo que exige un querer ida por ida. Porque no hay nada en el exterior que me lo estimule. Te equivocas, te equivocas.
O sea, no juzguemos lo que no conocemos. Juzguemos en todo caso el primer paso inmediato. Eso sí, pero no hagas ahora un proyecto indefinido, porque lo verás cuando estés, cuando hayas dado el siguiente paso.
El centramiento es una cosa que se puede conseguir totalmente. Entonces cambia totalmente toda la visión, todo el modo de sentir. Lo que sigue es un crecimiento, una expansión de conciencia, pero no el conflicto.
Y esto cambia por completo el panorama de la existencia. Y ahora, en cambio, estamos asociando siempre crecimiento a lucha, conflicto, contradicción, limitación. ¿Comprendes?
Por eso no es correcto esa proyección que hacemos hacia el futuro. Si no conseguimos ser nosotros de veras aquí y ahora, todo lo que podamos pensar de luego o de lo que sea, participará de este error. Y este centramiento es perfectamente posible.
Y este vivir esa realidad que somos es perfectamente posible. Y eso es una plenitud total que luego ningún desarrollo, ningún crecimiento, ninguna evolución nos puede ni eliminar ni siquiera disminuir nunca más. Por lo tanto, estoy hablando de una mutación, no de un desarrollo ahora, en esto que les estoy explicando.
Y una mutación quiere decir que de repente todo encaja. Y todo lo que era motivo de fricción, todo lo que era tensión, todo lo que era conflicto, todo eso desaparece porque todo fue inquieto en la unidad. Y esto cambia por completo el sentido de la vida cotidiana, mucho más de toda la evolución futura.
Y este es uno de los grandes errores de las personas que están proyectando en el futuro su inquietud, su ansiedad en el presente. Creen que modificando el futuro van a cambiar, van a eliminar esos conflictos del presente. El conflicto del presente se ha de solucionar en mi modo de funcionar en el presente.
No es cambiando los estímulos o las circunstancias que yo conseguiré centrarme. Centrarme es tomar conciencia de mi descentramiento gracias a lo cual descubro mi centro. Y por eso el centramiento es una realización individual.
En cambio, los estímulos y la formación cultural y todo esto pueden ser de acción colectiva. Pero este llegar a asumirse en la propia identidad es un trabajo individual. Se puede estimular, se puede sugerir, pero en último término es una decisión que hago yo, y yo solo.
Sí, pero piensa que lo que te condiciona no son los estímulos, sino tus respuestas. Tú subjetivamente solamente estás superitado a tus respuestas. Objetivamente estás superitado a los estímulos, a las circunstancias objetivas, pero subjetivamente, y esto es lo que te hace sufrir, subjetivamente estás condicionado solo a la insuficiencia de tus respuestas.
Cuando tú vivas la plenitud de tu capacidad de respuesta, no vivirás la situación como negativa. Porque vivirás tu positividad total de ser, en expresión. No es suficiente respecto a otra situación, pero es suficiente para ti porque eres todo tú.
Y aquí se mezclan estas cosas. No habrá nada más que los estímulos sean perfectos cuando toda la evolución esté colmada de ellos. Pero lo que a mí me hace sentir atado, superitado, limitado, negado, no es que yo no pueda hacer o decir ciertas cosas como creemos.
Es que yo no vivo mi totalidad en las cosas que puedo decir o hacer. Entonces, cuando yo consigo descubrirme como centro y expresarme como centro, mi callar será una expresión de mi propia plenitud. O mi luchar en un momento dado será expresión de mi plenitud, aunque esa lucha objetivamente no consiga el objetivo.
O sea, yo estoy expresando siempre mi plenitud de poder, de inteligencia, de afectividad. Y esto subjetivamente es una afirmación total, es una creación total. Que luego, objetivamente, los resultados no consiguen todo lo que yo deseaba, en efecto.
Pero estoy contribuyendo con toda mi plenitud a que ello avance. Y en ese sentido, subjetivamente es una plenitud total que, aunque mejoraran los objetivos, los estímulos, no aumentaría. Pero, en cambio, exteriormente hay unas limitaciones de las situaciones en sí que es un problema de la humanidad, de la evolución, pero no un problema de la plenitud o centramiento del individuo.
Que la experiencia nos enseña que las personas más realizadas son las que menos dependen de las cosas que pasan a su entorno. Es que ahora estamos tan, tan mentalizados en lo exterior, que nos parece que no puede haber plenitud si lo exterior no funciona de una manera determinada. Parece que yo no puedo ser feliz si la persona con quien vivo no funciona de una manera determinada.
Y no me doy cuenta que esto es debido a que yo no ejerzo mi función de centro creador, de Dios. Que yo estoy siendo pasivo respecto a los estímulos en lugar de ser creativo. Y esto es lo que me hace entonces depender de mi imagen del otro.
Y necesito que el otro cambie. Y si no cambia, yo me molesto, y yo protesto, y yo me rebelo. Pero esto es por mi propia debilidad, por mi propia ignorancia, y no es por culpa del otro.
Primero yo he de vivir mi propia capacidad creativa expresando más y más esa creación de respuestas, de lo que es mi naturaleza, de mi identidad. Y entonces veremos si con esto persiste el conflicto o no. Puede persistir un conflicto objetivo, externo, pero interiormente desaparece todo conflicto.
Y esto es tan frecuente en la convivencia humana, es tan frecuente y casi tan inevitable en el modo de vivir actual, que entender esto y trabajarlo a fondo es cambiar completamente nuestro modo de vida en la sociedad, en el mundo. Si tú no tienes las facultades de esculpir, pero tú tienes las facultades de ver, de sentir, de apreciar. Tú puedes hacer una elaboración mental sobre la belleza, pero esto nunca te hará sentir belleza.
La belleza la sientes directamente de entrada o no la sientes. Cuando una cosa la elaboras por análisis, entonces no es belleza. Es concepto, es una crítica, que puede ser muy correcta desde otros puntos de vista, pero no es belleza.
La belleza es esta exclamación, que es expresión de un sentimiento, de una realidad estética. Y eso es inmediato. La facultad de esculpir, como todo hacer, depende de un ejercitar.
Pero la belleza que tú admiras es totalmente tuya. Siempre os he dicho que el no yo es otro aspecto de mí en las cualidades internas. En lo externo también, pero solamente en lo externo tal como yo lo percibí.
Entonces, lo que es tuyo es tu noción de esculpir, tu noción de escultor, y todas esas nociones son tuyas. La noción de espacio, de volumen, de forma, de proporciones, y esas nociones son tuyas. Ahora, la acción inmediata de hacer, la capacidad actualizada de hacer, eso dependerá de cada persona de su posibilidad.
O sea, lo que yo os explico siempre sobre que todo lo que admiramos en el no yo es nuestro, se refiere, y lo digo siempre, a cualidades, o estados, o realidades interiores. Bien, sobre el ejercicio de centramiento que hicimos ayer, ¿queréis preguntar algo? Sí, ¿por qué sustituías el amor a los demás por el amor a ti?
Porque ahora no se trata, como en el curso, de ir ejercitando el centramiento según el desarrollo de las materias. Yo enseño el centramiento en la primera semana, cuando sólo he hablado de la personalidad. Y, por lo tanto, he de mencionar, he de referir el centramiento sólo a lo que he explicado.
Aunque después, luego, en la tercera semana, cuando hablo de lo superior, entonces extiendo el centramiento hacia arriba. Pero como ahora estamos en un grupo de antiguos alumnos, no estoy limitado a esta progresión. Normalmente, eso no debiera centrar.
Pero puede ser que alguien lo viva de una manera que sí se centra, y por eso, y yo estoy mirando, pero por lo que me parece percibir en ti, no veo que esto sea... Veo que estás funcionando con una determinación que está más allá de los pros y los contras, pero no veo que esto sea ese plano de centramiento que es más detrás. Me parece...
Sí, es difícil explicar eso del centramiento, ¿eh? Porque es una noción relativa. A uno le parece que ya está centrado, pero luego, a medida que va trabajando, descubre que hay otra cosa.
Si se hace bien, estás ya en esos tres estados. Se puede pasar de golpes. Sí, sí, sí.
Y esto, a veces, se produce accidentalmente, sin saber por qué, pero cuando uno lo trabaja, entonces esto se hace, de hecho, sí. Yo no me centro progresivamente. Bien, ¿todos conseguisteis en este centramiento de ayer un mayor grado de sentiros vosotros mismos, y de pato, o plenitud, o fuerza, o algo?
A ver, los que no, pues, procurar ver qué pasa, dónde está el obstáculo. Formularlo, ¿sí? Entonces, este es el obstáculo, claro.
Pero, ¿tú te das cuenta del estado de despiste en que estáis todos cuando entráis? Si gran parte de la finalidad de lo que explico busca eso, centraros un poco más. Y, apenas se interrumpe lo que se explica, la enorme prisa que, en general, todos sentís para hablar con el otro y decir y hablar de cosas...
El hecho de hablar es estupendo, el hecho de hacer broma yo lo encuentro fantástico, pero lo que me estoy refiriendo es a esa necesidad de salir, el modo de hacerlo, que es una auténtica salida de sí mismo. Eso, me refiero. Es como si estuviera allí una presión, como los chicos en la escuela, que les hacen estar así, y en cuanto les abren la puerta...
Bueno, pues vamos a hacer el ejercicio. Ser esa profundidad, ser esa realidad, no quiere decir que yo viva ahí como un superman, en absoluto. Ser esta realidad quiere decir que yo me reconozco en esa totalidad, en esa realidad a plenitud, ser inteligencia, allí donde esa inteligencia y plenitud son.
No consiste en pretender traer esto aquí, a mi zona personal, sensible. Consiste en que yo me reconozca en lo que soy allí donde yo soy. Que yo reconozca a Dios allí donde Dios es.
Por lo tanto, yo traslado mi centro de mi plano anterior donde estoy acostumbrado a vivir, a un plano más profundo donde aquello ya es allí. Entonces yo vivo desde mí y puede ser que por el medio las cosas anden bastante perturbadas. Yo puedo sentirme muy mal físicamente, emocionalmente, etc.
Y no obstante, ser eso. Y aprender a mantener eso que soy, a seguir siendo eso que soy, a pesar de cómo me encuentre, de cómo me sienta. Porque si no, si confundo el ser con mi sentir, estoy en un lío gordo.
Mi sensibilidad, mis estados emocionales son variables. Todo lo de la personalidad es lo más variable que hay. Es lo que tiene un ciclo de devenir más rápido.
Es lo que está detrás lo que es estable. Es aprender a descubrir que yo soy allí donde yo soy. Y que ese allí es aquí el profundidad.
Aprender a vivir, a ser, a instalarme en esa profundidad. Y desde ahí, vivir esto. Después ya irá viniendo, que esto se va aproximando, diríamos, a mi periferia.
Se va integrando todo. Pero de momento no consiste en pretender que yo me sienta siempre en un estado de mil maravillas y con una cabeza despejadísima, porque esto no ocurre así. Es descubrir lo que soy y serlo allí donde soy eso.
Y vivir eso que soy siempre. Con independencia de cómo me encuentre. O sea, que yo no renuncie a lo que soy.
Si realmente veo que soy eso, si para mí esto es una evidencia, no es una cosa que me han dicho, si yo lo descubro como realmente mi realidad, mi identidad, entonces vivir eso contra viento y marea, pase lo que pase. Aunque yo me sienta mal por todos los lados. Es que el ejercicio que acabamos de hacer tiene esa finalidad.
Sí, entonces esto es lo que requiere que tú mires. Es lo que hemos explicado hoy, ¿verdad? Miras.
Que en este centramiento has vivido cosas. Bien, esto que has vivido es algo que gira alrededor tuyo o en qué medida eres tú misma. De momento puedes vivirlo como algo que tú sientes, que tú experimentas.
Por lo tanto, que no eres tú. De momento. Trácale mirar.
Seguir mirando eso. Seguir sintiendo eso. Y entonces verás si te reconoces tú en eso.
Porque ahora estás viviendo eso desde tu esquema habitual, desde tu idea, tu hábito, tu costumbre de ti. Míralo, míralo, siéntelo y verás cómo te vas reconociendo en ello. Y entonces es cuando puedes asumir eso de veras.
Es lo que he explicado hoy. Y luego en la vida diaria no olvidéis esa característica de ser yo el dios de mi universo y no el esclavo de mi universo. Y ser el dios de mi universo quiere decir que yo estoy creando y dirigiendo los elementos internos de este universo.
Y eso solamente lo puedo hacer desde esta conciencia más profunda de ser. Fin. Hasta mañana.
1. La mente concreta: un instrumento útil pero limitado
La mente concreta solo opera con datos del pasado: interpreta el presente desde lo ya vivido.
Reduce la riqueza de la experiencia a lo que puede formular y razonar.
Es un medio necesario para manejar lo práctico, pero no puede contener la totalidad de lo que somos.
El error está en identificarse con la mente y tomarla como centro y medida de todo.
2. La vivencia interior va más allá del pensamiento
Las vivencias de plenitud, soledad, sufrimiento o anhelo no pueden ser generadas ni comprendidas del todo por la mente concreta.
Hay en nosotros un mundo interior —de aspiración, deseo de verdad, de expansión— que no proviene de la mente, sino que la trasciende.
Es necesario reconocer que somos más que lo que pensamos: somos conciencia.
3. El problema de vivir identificados con lo particular
Vivir solo desde lo particular (pensamientos, emociones, estados) nos hace percibir conflicto y contradicción.
Lo particular se vuelve opresivo cuando no se reconoce como expresión de un fondo mayor.
Se propone aprender a mirar lo particular desde lo general, y no al revés.
4. El fondo: el océano de la conciencia
Toda forma, emoción, pensamiento o percepción es una ola del fondo que somos.
Aprender a vivir desde el fondo es la clave para recuperar la unidad y la libertad interior.
La metáfora del mar y la ola muestra cómo el fondo es lo real, y las formas son solo expresiones momentáneas de ese fondo.
5. La conciencia como totalidad
La conciencia no es solo lo que se observa, sino lo que hace posible la observación.
Toda percepción implica un fondo que no se ve pero que permite ver.
La atención enfocada en lo particular oscurece ese fondo, aunque siempre está presente.
6. La unidad como clave para el equilibrio vital
Así como el cuerpo funciona de forma integrada y solidaria cuando hay conciencia de unidad, también nuestra vida se armoniza cuando nos abrimos a la totalidad que somos.
Una persona cerrada en su “yo problema” se aísla de esa sinergia universal.
Al abrirse al fondo, incluso las cuestiones materiales —como el trabajo o el dinero— se ordenan con mayor fluidez.
7. El ejercicio de centramiento
El centramiento es una técnica práctica para reconectar con el fondo.
Se trabaja con tres niveles:
La respiración como puerta de acceso a la energía vital.
El corazón como irradiador de amor y alegría desde un “sol” interior.
La mente como foco de claridad, inteligencia y comprensión.
El ejercicio culmina en una toma de conciencia silenciosa de lo que uno es, más allá de lo que uno piensa o siente.
8. Vivir desde el fondo: una práctica diaria
Se invita a aprender a hablar, andar, mirar, actuar desde el fondo.
Cada forma es una manifestación del fondo. Vivir bien es aprender a expresarlo sin perderlo de vista.
La práctica consiste en mantener esa conciencia incluso cuando uno se encuentra en estados desagradables.
La verdadera transformación no viene de lo que ocurre, sino de dónde vivimos lo que ocurre.
9. Problemas y fondo: una clave de resolución
Todo problema es una forma desconectada del fondo.
En el fondo, no hay conflicto: solo presencia, sustancia, positividad.
Vivir desde ahí es lo que permite manejar con libertad y sabiduría cualquier forma o situación.
